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Federico Luppi
Se estrena como director en Pasos

por Carmelo Lattassa

Casado con Susana Hornos, una joven y hermosa dama española, Federico Luppi (Buenos Aires,1935), lleva ya cuatro años en España en un amable retiro del panorama argentino. Acaba de presentar la película Pasos, de la que su esposa es guionista y actriz, en la que se pone detrás de la cámara para exponer la realidad de aquellas personas que llevaron a cuestas la transición política española, no los políticos, sino los ciudadanos de a pie.

Primerafila te acerca esta entrevista de Carmelo Lattassa con uno de los mejores, y más prolíficos, actores que ha dado Argentina, ahora como director de Pasos.


¿Qué le importa de la película y cómo se identifica con ella respecto a la transición española?
Me atrajo la asunción personal de la libertad colectiva de ese momento, que se producía porque no había un papa al que echarle la culpa. Me identifico totalmente con el tema porque llevo ya cuatro años en España y la percepción del día a día es igual que la de cualquiera. No estoy tan dividido sólo por ser argentino. Tengo un afecto especial que me vincula al espacio todos los días, y de hecho me siento madrileño.


¿Qué aspectos de la sexualidad son importantes para usted en la película?
He tocado varios temas, no demasiados, pero algunos pasan con más influencia en la trama, de modo que afectan a todos los personajes. El tema de la doble moral está ahí porque era fundamental, no podía dejar de exponerlo. Un lugar de provincia es la clave para los dobles juegos que hacen daño en las relaciones de pareja.


¿Por qué eligió el microcosmos de una ciudad de provincias?
Yo vengo de una provincia, es un entorno que comprendo bien. Las ciudades de provincia son entornos bastante pequeños, donde todos nos conocemos. Las expresiones mediáticas del poder son claramente reconocibles, al igual que los amoríos y cualquier cosa que se quiera hacer a ocultas y que todo el mundo acaba sabiendo. Y está claro el mundo de lo que se exhibe y lo que se vive. Por eso la provincia sirve más que una gran ciudad para mostrar con claridad el asunto de las relaciones.


¿Dirigir era un objetivo en su carrera?
No, ni mucho menos. Cuando la productora me ofreció el guión lo primero que dije fue que no, pero después sí que acepté como parte de una experiencia absolutamente novedosa. Los temores son los clásicos, porque el tiempo en el cine es muy caro. Y segundo, porque esta experiencia es agotadora, desgasta y no sabía si lo iba a hacer todo siempre con la misma intensidad. Pero los temores son previos, una vez dentro todo se olvida.


¿Ha establecido algún paralelismo entre su experiencia sobre las dictaduras argentinas y el sueño de un modelo de transición democrática como el español?

Cuando se produjo la transición en España, en Argentina estábamos en el pico más alto de la represión militar. Era el proceso casi culminante de la perversión más execrada. Pero ese era un fenómeno similar en toda América Latina. Cuando estas terribles situaciones se producían, España iniciaba un proceso luminoso. Un momento en que partidos políticos con tendencias contrarias y extremas se propusieron rescatar la democracia. En la vida privada el proceso dejaba abierta una serie de zonas oscuras en las personalidades de la gente que venía de la transición.


¿Un argentino haciendo una revisión sobre la historia española?

Es interesante porque nos plantea el tema de las aproximaciones. Los que consideran esto como una intromisión pueden pensar que Hamlet no puede ser representado ni siquiera por los ingleses, teniendo encuenta que la trama ocurre en Dinamarca. Ahora bien, esta no es una película sobre la transición española, sino sobre personajes a los que les tocó vivir el momento. Hay dos formas de verlo, como un proceso histórico, limitado, coral, como un retrato de época, y otro desde las luces y las sombras de cada persona.


¿Piensa volver a Argentina o se quedará en España?
No, ya me he quedado aquí definitivamente. Tengo a mi esposa y sobre todo estoy realmente descontento con el país, con la gente que sigue creyendo en políticos de opereta que siguen fracasando. No sé, de volver pensaría en una ONG, en un grupo dedicado a ayudar, pero lejos de la fama y los políticos.